Las muertes por suicidio se mantienen al alza en América. De hecho, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), esta es la única región del mundo en donde la mortalidad por esta causa no ha dejado de crecer. De acuerdo con un estudio publicado en The Lancet, el suicidio se mantiene como la tercera causa de muerte entre la población americana de entre 10 y 24 años de edad, con una tendencia ascendente sostenida durante las últimas dos décadas. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) asegura que, ante la magnitud del problema, atender esta situación es una responsabilidad que va más allá del sector salud. El organismo sostiene que las comunidades, la iniciativa privada y las autoridades de gobierno deben involucrarse en la creación de estrategias nacionales diseñadas para contrarrestar esta tendencia. “El mensaje es claro: solo una respuesta multisectorial y comunitaria podrá revertir esta profunda tragedia”, subraya la ONU. Mientras las autoridades de salud nacionales y estatales intentan abordar el problema mediante políticas y mecanismos orientados a fomentar la salud mental, una duda recurrente entre la población es qué hacer ante una crisis suicida o al detectar sus primeros indicios. Se debe hacer énfasis en que, ante cualquier señal de pensamientos suicidas, propios o de terceros, es fundamental buscar atención profesional. Las afecciones relacionadas con la salud mental son asuntos que, como sucede con los padecimientos físicos graves, deben ser atendidos por especialistas capaces de ofrecer un diagnóstico, seguimiento y tratamiento adecuados (abstenerse de consultar chatbots). Sin embargo, durante una crisis suicida existen algunas estrategias, avaladas por evidencia científica, que pueden ser efectivas para “ganar tiempo” y evitar una desgracia. Lo primero que se debe considerar son los signos que pueden advertir sobre una posibilidad de suicidio o pensamientos relacionados con esta conducta, que, según la Mayo Clinic, incluyen los siguientes: Conversaciones recurrentes que incluyen frases como “me voy a suicidar”, “desearía estar muerto” o “desearía no haber nacido”. La obtención de medios para acabar con la vida, como armas o medicamentos no prescritos. Aislamiento social. Cambios de humor repentinos y sin razón aparente. Aumento en el consumo de alcohol o sustancias nocivas. Preferencia elevada por realizar actividades riesgosas o autodestructivas, como manejar de manera negligente. Niveles inusuales de ansiedad o estrés. Mito 1: Preguntar sobre las intenciones de suicido siembra la idea Ante la detección de estas señales, una duda frecuente es si resulta prudente preguntar: “¿Estás pensando en quitarte la vida?”. La creencia común sostiene que hacer este cuestionamiento podría sembrar la idea en alguien que no la tenía. La ciencia demuestra lo contrario. Una investigación publicada en 2014 revisó la evidencia disponible sobre si preguntar por pensamientos o conductas suicidas podía inducir ideación suicida. El trabajo analizó estudios realizados tanto con población general como con personas consideradas en riesgo, incluidos adolescentes y adultos. Su conclusión fue que ninguno de los estudios revisados encontró un incremento estadísticamente significativo de la ideación suicida después de que las personas fueran interrogadas directamente sobre el suicidio. Los autores señalaron, además, que en algunos casos hablar de manera abierta sobre el tema podría incluso asociarse con una reducción de los pensamientos suicidas y con mejoras en la salud mental entre personas que ya estaban buscando tratamiento. Esta conclusión fue posteriormente examinada mediante un metaanálisis realizado en 2018. En este caso se identificaron 13 estudios que evaluaban específicamente posibles efectos perjudiciales de preguntar a las personas sobre sus intenciones de quitarse la vida. Al combinar cuantitativamente sus resultados, los investigadores no observaron evidencia de que preguntar directamente sobre pensamientos suicidas provocara un empeoramiento. Los autores concluyeron que debían reducirse los temores de que preguntar pudiera resultar perjudicial. En 2020, un metaanálisis de ocho estudios relacionados directamente con el tema, incluidos ensayos controlados aleatorizados, reforzó esta premisa. Tampoco encontró efectos estadísticamente significativos de las preguntas sobre conductas relacionadas con el suicidio, autolesiones o malestar psicológico. Los autores señalaron que, aunque todavía hacen falta más estudios de alta calidad, la evidencia disponible no muestra que preguntar produzca resultados perjudiciales. Organismos especializados como el Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos (NIMH) consideran que preguntar directamente es una medida adecuada. Preguntar “¿Estás pensando en suicidarte?” no aumenta los pensamientos ni las conductas suicidas y puede ser una de las mejores maneras de identificar que una persona está en riesgo. Mito 2: Hacer “contratos de no suicido” eliminan el problema Ante una crisis suicida, es posible que las personas alrededor del individuo afectado le exijan adoptar un “contrato de no suicidio”, de palabra o por escrito, que lo comprometa a no hacerse daño. Aunque este tipo de acuerdos podría resultar útil para algunas personas en determinadas circunstancias, no existe suficiente evidencia cuantitativa para considerarlo una herramienta clínicamente efectiva para prevenir el suicidio. La recomendación que sugiere la investigación científica es implementar intervenciones basadas en la planificación de seguridad. Los conceptos de “contrato de no suicidio” y “plan de seguridad” podrían confundirse debido a que ambos persiguen el mismo fin. Sin embargo, mientras el primero se basa únicamente en intenciones, el segundo contempla acciones concretas para afrontar una crisis. Esto quedó demostrado en un ensayo clínico de 2017 que estudió a 97 soldados en servicio activo del Ejército de Estados Unidos que presentaban ideación suicida reciente o antecedentes de intento de suicidio. Los participantes fueron asignados a recibir un contrato de seguridad, un plan de respuesta a crisis estándar o un plan de respuesta a crisis mejorado. Durante los seis meses posteriores, tres participantes del grupo que recibió un plan de respuesta a crisis intentaron suicidarse, frente a cinco del grupo que recibió el contrato de seguridad. Los investigadores estimaron que esto representaba una reducción del 76% en el riesgo de intento, además de encontrar una disminución significativamente más rápida de la ideación suicida entre quienes recibieron el plan. Esto no significa que cualquier documento denominado “plan de seguridad” sea automáticamente eficaz ni que sustituya la evaluación y el tratamiento profesional. De hecho, la evidencia depende de la población y de cómo se implemente la intervención. Por ejemplo, una revisión sistemática y metaanálisis publicada en JAMA Pediatrics en 2025 encontró que la evidencia disponible sobre la planificación de seguridad como intervención aislada en niños y adolescentes todavía es limitada y no demostró reducciones significativas en ideación, conductas o intentos suicidas. Mito 3: La familia y una vida por delante, razones para cambiar la decisión Finalmente, el consenso científico desaconseja el uso de frases como “tienes muchas razones para vivir” o “piensa en tu familia” para afrontar una crisis suicida. Aunque parecen consejos sensatos, este tipo de respuestas podría minimizar el sufrimiento de la persona afectada y enviarle un mensaje de falta de comprensión hacia sus problemas. La red de servicios sanitarios, sociales y de salud mental Parc Sanitari Sant Joan de Déu abordó específicamente esta situación en sus recomendaciones de 2025 para hablar con personas que tienen ideas suicidas. La institución aconseja escuchar de manera activa y empática, sin juzgar ni interrumpir, y evitar frases que minimicen el malestar. Según la guía, comentarios como “no digas esto, piensa en tu familia” o “si todo va bien, si tienes una vida por delante, ¿por qué quieres acabar con tu vida?” pueden hacer que la persona se sienta incomprendida y aumentar sus sentimientos depresivos. El texto sugiere que validar los sentimientos de insatisfacción no significa decirle a la persona que tiene razón al pensar que morir es la solución ni aceptar que el suicidio sea inevitable. Significa reconocer que el dolor que está experimentando es real y merece ser escuchado. Las recomendaciones anteriores no sustituyen la necesaria intervención de especialistas en salud mental ante una crisis suicida. Sin embargo, funcionan como una línea de primera atención en espacios comunes y escenarios cotidianos. Como concluye Renato Oliveira e Souza, jefe de la Unidad de Salud Mental y Consumo de Sustancias de la OPS, “el aumento de la mortalidad por suicidio entre los más jóvenes exige reforzar la detección temprana y las intervenciones en las escuelas y comunidades”. Si estás pasando por una crisis personal o tienes pensamientos suicidas, busca ayuda profesional. En Argentina: 135 o 0800-345-1435. En Uruguay: 0800 0767 o *0767. En México, la Línea de Prevención del Suicidio es *0311. En España es 024. Ante una emergencia inmediata, contacta a los servicios de emergencia.