Aunque estudió arquitectura, Patricia vivió ayer la celebración del Concurso de Balcones Floridos de San Ángel, un evento que representa para ella un homenaje a la memoria de su madre y una tradición familiar de tres generaciones. "Yo participo porque los tíos de mi abuela, que fueron dueños de esta casa, participaban, pero ellos cultivaban sus propias dalias. En este patio tenían su invernadero. Posteriormente, yo lo ponía con mi madre. Yo nunca conocí las dalias de los tíos de mi abuela, pero decía mi madre que eran muy grandes, muy bonitas", recordó. Con un arco formado por bugambilias rojas y columnas rodeadas de dalias placed on huacales, el negocio familiar El Patio de Comidas, ubicado en Calle Madero, recibió a sus comensales, quienes antes de ingresar aprovecharon para fotografiarse junto al arreglo. "Estoy un poco limitada, porque son pequeños los espacios. Lo voy pensando y lo llevamos a la práctica poniendo colores vivos, tapando con telas o rellenando con huacales para dar los diferentes niveles y que no sea liso, sino que tenga movimiento", detalla Patricia. Rosas, lirios, dalias, girasoles, anturios y otros ejemplares transformaron comercios, restaurantes y hogares de San Ángel en un edén multicolor, cada uno pintado a su manera. El concurso forma parte del Festival de las Flores de la demarcación, que también incluye venta de plantas, flores y productos artesanales en el Parque La Bombilla. Vecina de San Ángel, Paula, adulta mayor con al menos 300 ejemplares en su jardín, acudió al espacio junto con su nieta Paulina para guiarla en la compra de sus primeros ejemplares. "Yo estoy estudiando Biología, yo soy más de animales, pero estoy empezando con los cactus, siempre me han encantado mucho las flores, los árboles", contó Paulina. Con seis ejemplares en bolsa, su abuela compartió su emoción por colocarlos en su "pasillo de las flores", un túnel verde que recorre desde el suelo hasta las paredes. "Mis favoritas son las lenguas de suegra de este color. De colores tengo verde, blanca con rayitas y tengo una amarilla. También me gusta la salvia, porque los colibríes llegan a chupar la miel. A mí siempre, desde que tengo uso de razón, me han gustado las plantas", añoró. Murales de aserrín en honor a mujeres dedicadas al cultivo y venta de flores, arcos de bienvenida semejantes a los que coronan las trajineras y esculturas monumentales de balones de fútbol decorados con flores que emulaban banderas internacionales formaron parte de la escenografía que visitantes y vecinos disfrutaron rodeados del aroma de la salvia, el brillo de los girasoles y el suave color de las bocas de dragón.